El final de la infancia

 

Mi padre nos pidió que nos quedáramos en el coche y se puso el último en una fila de gente que no era como nosotros. La chaqueta empezaba a quedarle grande.

Después de un tiempo que se me hizo eterno, regresó con una bolsa de comida.

–¡Vamos a comer al parque, princesa! –me dijo.

Sus ojos habían dejado de brillar. Ese fue el día en que acabó mi infancia.